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Jueves 15 de Octubre.
Cada 15 de Octubre se conmemora el Día Internacional de la Mujer Rural con el propósito de visibilizar el importante papel que desenvuelven estas mujeres para la seguridad alimentaria, el desarrollo agropecuario y el bienestar de las comunidades rurales. A pesar de sus importantes contribuciones, las mujeres étnicas en la ruralidad siguen enfrentando brechas acentuadas con relación a sus homólogos masculinos y a sus compañeras citadinas. Como señala ONU MUJERES, las mujeres rurales sufren de manera desproporcionada los múltiples aspectos de la pobreza y pese a ser tan productivas y buenas gestoras como los hombres, no disponen del mismo acceso a la tierra. Estas desigualdades se intensifican en la población étnica a través de las restricciones en el acceso a los servicios públicos, como la educación y la asistencia sanitaria.
Además, existen otros factores que prolongan esta problemática como lo son la carga de trabajo no remunerado del cuidado asociado tradicionalmente al rol de la mujer, la falta del reconocimiento de las mujeres étnicas rurales como actoras económicas y políticas, y la baja escolaridad en la ruralidad.
La Encuesta Nacional Agropecuaria-ENA 2019 reporta que el 67% de las mujeres rurales en Colombia cuentan con una escolaridad máxima de básica primaria y el 16.7% ha culminado el colegio. En el departamento del Chocó, el 71% de las campesinas étnicas cuentan sólo con estudios de básica primaria, y el 14% de ellas concluyeron el colegio con un titulado técnico.
Con relación a la participación, una de cada cuatro Unidades Productivas Agropecuarias- UPA en el país son dirigidas por mujeres, y sólo el 2.1% de las UPA son dirigidas conjuntamente por hombres y mujeres. En los municipios del PATR Chocó, se identifica una variación positiva con relación al promedio nacional, con un 22.1% de las UPA con la participación de hombres y mujeres como responsables de la producción. ‘Esta variación responde a una ruptura con el rol tradicional de la mujer rural étnica frente a la violencia derivada del conflicto armado, donde algunas mujeres emprenden la jefatura de sus hogares y encaminan procesos para proteger a sus familias y a sus comunidades’ señala Brenda Barrios, Profesional de monitoreo y género de CODHES.
En los últimos 20 años, la dinámica social del Departamento del Chocó, ha tenido cambios sustanciales a causa del conflicto armado en el territorio. Isis Palacios, integrante de la Red Departamental de Mujeres Chocoanas – RED MUCHO expone que ‘un número significativo de hombres pasaron de ser jóvenes o padres de familia a ser integrantes de los grupos armados ilegales, o a ser difuntos, lo cual empujó a muchas mujeres afrodescendientes e indígenas de la ruralidad a asumir la dirección y el liderazgo de sus familias y comunidades; en un trabajo conjunto con otras mujeres, gestando estrategias de protección de la vida y de sus territorios. Asimismo, el papel de la mujer étnica en el campo se reestructuró, pasó de ser ama de casa, o la campesina afrodescendiente e indígena que trabaja la tierra junto a su compañero, a ser la mujer que forma colectivos e implanta estrategias para la toma de decisiones de sus comunidades’.
En ese sentido, las mujeres afrodescendientes e indígenas tuvieron la necesidad de formarse y conocer sus derechos para empoderar su discurso y sobre todo replicar ante otras mujeres afrodescendientes o indígenas el conocimiento adquirido. En la actualidad mujeres étnicas rurales son Representantes legales de los Consejos Comunitarios, como son los casos de Elizabeth Moreno, lideresa del Consejo Comunitario General del San Juan -ACADESAN y Zenaida Martínez, de los Consejos Comunitarios y Organizaciones del Bajo Atrato- ASCOBA. Además, existen comités de género en dichos consejos comunitarios, los cuales vienen desarrollando proyectos productivos de agricultura, artesanías, tiendas comunitarias, piscicultura, entre otros. Por otro lado, se cuenta con organizaciones de mujeres étnicas rurales que participan en la construcción de políticas públicas municipales y departamentales.
Sin embargo, las desigualdades que aún persisten entre mujeres y hombres afrodescendientes e indígenas en las zonas rurales del departamento del Chocó son preocupantes. Por lo tanto, urge transformar la situación que viven las mujeres étnicas en la ruralidad, iniciando un reconocimiento de las mujeres afrodescendientes e indígenas como ciudadanas autónomas y tejedoras de paz que garantizan la seguridad alimentaria, lideran la vida comunitaria, fomentan el desarrollo agrícola y rural, la erradicación de la pobreza y contribuyen a la preservación de la bioseguridad en el campo.
Es necesario visibilizar esta problemática y definir acciones específicas que contribuyan a eliminar la desigualdad laboral (carga laboral, bajos ingresos salariales y participación femenina en el mercado laboral), educativa (baja cobertura y deserción escolar), económica y participativa en el campo para alcanzar la participación real y efectiva de las mujeres étnicas rurales a nivel político, social y cultural. Asimismo, el acceso a la propiedad de la tierra, a proyectos productivos, a recursos (financieros y técnicos) y a aumentar sus capacidades y conocimientos que contribuyan a mejorar las condiciones de trabajo y la calidad de vida de las mujeres étnicas campesinas.
Por último, se hace un llamado para fortalecer la sistematización de la información con datos desagregados por edad, pertenencia étnica y sexo, y el proceso de seguimiento y evaluación de las políticas públicas, proyectos y programas dirigidos a las mujeres étnicas rurales que hagan posible el goce efectivo de sus derechos.
Hoy la voz de las mujeres étnicas rurales tienen más fuerza que nunca, pues han descubierto su imparable poder de acción comunitaria y su labor para la transformación territorial.
Acuerdo Humanitario Ya en el Chocó
